Las oleadas de deportaciones y el control migratorio en Estados Unidos, transmitidas en tiempo real a través de redes sociales, revelaron con claridad dos bandos: la indignación y el apoyo. Ese paisaje digital funcionó como detonador: ¿cómo se comporta una sociedad ante un evento con cualidades fascistas? ¿Cómo se parece ese comportamiento al de otras épocas de la historia? La pieza nace también desde la experiencia personal: haber sido migrante en Francia durante la campaña presidencial de Sarkozy en 2011 —cuando la Circulaire Guéant amenazó el estatus de miles de estudiantes extranjeros— y haber sufrido un ataque directo de un grupo neonazi en Alemania. El título es un homenaje a la banda chicana Chicano Batman.
El material de la pieza son videos encontrados en redes sociales, descargados con ayuda de un script desarrollado con inteligencia artificial, e intervenidos con código para producir efectos de blanco y negro, distorsión y transiciones. El blanco y negro no es un recurso estético arbitrario: replica la técnica que algunos usuarios aplican a sus teléfonos para hacer la pantalla menos adictiva, para volverla aburrida. Los videos se organizaron en un loop de reproducción aleatoria, pensado para proyectarse en una o dos paredes con sonido. Durante la exposición hubo también intervenciones en vivo mediante VJing con Resolume Arena, lo que permitió construir una experiencia más cercana al cine, con cierto storytelling en diálogo con la música.
La pieza se presentó en la exposición Frontera No, en la Oficina del Ruido, Ciudad de México, en febrero de 2026, junto al colectivo Chicanxs sin Fronteras, que participó con lecturas de poesía chicana y fotografías. La proyección colectiva sobre la pared —sacar los videos de la pantalla individual— fue en sí misma un gesto político: lo que se consume en soledad y se desplaza con el pulgar, detenido y amplificado para ser visto en comunidad.